LA BOTELLA IMAGINADA.

Hacía tiempo que dejó de beber, mucho tiempo, ya ni se acordaba de lo que significó el alcohol. Lo abandonó por necesidad. Nunca asistió a esas reuniones de alcohólicos anónimos, famosas por las películas. Ni siquiera sabía si existían cerca de su hogar. Lo que hizo fue acudir a sesiones de terapia individual, de esas que ofrecen de manera gratuita algunas asociaciones benéficas. Lo cual le ayudó a conseguirlo.

Pero un día, por un motivo casual, por arte de birlibirloque, o por cualquier otra circunstancia que no llegó a comprender; se le volvió a presentar la botella. Llegó a pensar que nunca la había dejado. Por suerte era inalcanzable beber el odioso y a la vez apreciado contenido.

Al principio se le aparecía con poca frecuencia. Con el paso de los días empezó a presentársele con mayor asiduidad. La botella no le había abandonado, siempre estaba allí, levitando sobre su cabeza. Continuamente la misma botella, solo variaba el contenido; unas veces ron, otra ginebra, varios whiskies, alguna vodka, incluso vino. Se le hizo muy difícil aguantarlo, pero tenía que seguir con su vida. Una vida cada vez más insegura.

En una ocasión se subió al coche y empezó a conducir. Tenía que asistir a sus obligaciones y quehaceres. En un intento de alejar la botella que flotaba sobre su cráneo perdió la concentración y chocó frontalmente. La luna delantera se esparció en pedazos, la botella se hizo añicos y se desperdigaron los cristales por doquier. Comenzó a experimentar aguijonazos en todo el cuerpo y observó cómo le penetraban los fragmentos. La botella desapareció.


                                                                                                                                         
23/09/2024


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