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Cuentos del abuelo II. La tortilla de patatas.

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 Julián se levantó, como casi todas las mañanas, con las primeras luces del alba. El frío de la montaña se colaba por la puerta entreabierta para ventilar, pero él, curtido por los años, apenas lo notaba. Se acercó a la chimenea, donde aún quedaban rescoldos de la noche anterior, y avivó el fuego con un par de hábiles soplos. Se enfundó en su vieja chaqueta de lana y salió al porche, donde el aire era aún más gélido, pero la vista del valle despertando era impagable. Inspiró profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a pino y tierra húmeda, un perfume que lo anclaba a su esencia, a su individualidad. De vuelta en la cabaña, mientras el fuego crepitaba alegremente, preparó un desayuno frugal: pan duro, queso de cabra y un café aguado. Comió con parsimonia, disfrutando del silencio y la soledad del amanecer. Cuando el sol ya despuntaba por encima de las montañas, con pasos firmes, se dirigió a la habitación donde dormían sus nietos. Los observó un instante, con una sonrisa qu...

Un sencillo pensamiento.

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  “El mar, en su inmensidad solitaria, me ofrece el refugio que siempre he anhelado. Un refugio húmedo y relajador, donde el único sonido es la monotonía de las aves marinas. Ellas encuentran en el mar un descanso que jamás hallarían en la civilización, un descanso nacido de la satisfacción de saber que su vida es esa y no otra. Han encontrado el sentido a la vida, o mejor dicho, lo han conservado a través de cientos de generaciones. Ese sentido primigenio es el origen de su felicidad, una felicidad que nunca conocerán aquellos que cambian los acontecimientos, que desvirtúan la tradición y se niegan a aceptar que el principio del placer está en el comienzo de la vida, en el lejano pasado de la historia. En aquellos que son, como las aves marinas, libres y en armonía con su esencia.” 1975.

Bajo los efectos II

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  Hola, colega otra vez estoy aquí: Tan decepcionao como siempre. Es que no hay remedio. Un copazo en Fuengirola. Están amuermando al pueblo. Tómate un gualtimaltaqui a mi salud. Lo peor que hice fue verla. Vámonos de juerga. Tengo que verla sola. Me voy por ahí. ¿Tardará mucho? ¿Vale la pena vivir? No lo sé. En un momento dao, puede que sí. Que va tío, siempre. Okey… sobre patines. Renunciar a ella es renunciar a gran parte de la vida. ¡Grados de temperatura… atención! Aunque sea por un momento. Qué primo eres tío. ¡El mundo entero se siente comunero! ¡Aójala! No comprendo la soledad. Pero la quiero. Vuela, vuela palomita. A lo mejor no tengo más remedio. No te aborregues tío chungo. Eso es lo que quieren. Esto no tiene remedio. Me voy a tomar un polvorón en spray. Lo siento otra vez será. Au baberi couchi aussi. 1978

El tablero (Cuentos del abuelo I)

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  La noche caía rápidamente, era oscura, muy oscura.  Era de esas noches en las que, las nubes tapan por completo, todo atisbo de claridad procedente de la luna y las estrellas.  Afuera solo se mostraba levemente el reflejo procedente de la luz interior de la cabaña.  Una residencia situada en las afueras de cualquier urbe interior. En cualquier lugar de montaña o en cualquier área abrupta.  De cualquier zona, de cualquier lugar montañoso, en algún espacio, de cualquier sitio.   El abuelo se acercó pensativo hasta la ventana, buscando en sus recuerdos. Una ventana rectangular no mucho más larga que ancha. Con los cristales cuadrados en cada una de sus dos puertas, no muy limpios. Se encontraba a sus espaldas el acogedor calor que desprendía, con sus leños al rojo, la chimenea.  Al lado del cálido fuego, formando un ángulo recto, se encontraban dos amplios y viejos sofás.  Sobre ellos se acomodaban cómo podían tres jóvenes, no poseería más de on...

Piensa lo que quieras (a lo inevitable).

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  Empezaba a sentir una ligera sensación de humedad y un breve escozor. Picaba tenuemente. Tenía una cierta impresión de incomodidad, imposible de reprimir. Poco a poco, la humedad, muy suavemente; y, de una manera delicada, inconscientemente, fue brotando, tomando cierta consistencia. Ya no era solamente un ilusión. De forma inevitable escapaba a su cobijo. Paulatinamente fue tomando cuerpo, muy despacio, cada vez mas visible. Se ensanchaba por su parte inferior, donde se hacía mas notoria; y donde, el reflejo producido por su transparencia, mas se dejaba sentir. Despacio, muy despacio; pero sin pausa, fue avanzando hasta lograr su máxima nitidez. Una vez en su cenit, alcanzó su mas brillante esplendor. Se resistía a cambiar. Poco tiempo duró su complacencia, un instante fugaz. Incondicionalmente, y sin preámbulos, continúo su progresión. Gradualmente, sin oposición, fue estirándose. De forma irremediable; tras de sí, dejaba una transparente muestra de su paso. Conforme se exte...

ALGO ASÍ COMO ES

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  Una lejana línea se divisa desde la tierra. Sobre ella aún hay unos brillantes puntitos celestes cargados de un mágico encanto, que renuncian a extinguirse ante el empuje de un manto violeta que no encuentra obstáculo suficiente en su avance. Tras él, una brasa de fuego se aviva paulatinamente, mientras que una pálida perla va rodando cada vez más lejos. La brasa de fuego se ha ido convirtiendo, poco a poco, y conforme se alzaba, en una maravillosa bola dorada. La nostálgica perla se fue acompañando a los pequeños puntos en su momentáneo destierro. La aureolada esfera despide una cálida caricia, en un vivo reflejo, sobre los rizos que en un perfecto y armónico juego se deslizan en el líquido elemento, en un ir y venir hacia la orilla. Las ondulaciones al recibir en ellas los destellos dorados, forman un maravilloso dibujo propio de un país de ensueño. Sobre todo ello, entre la línea y la orilla, un casco, con unas diminutas figuras móviles, se balancea al compás de un ritmo treme...

LA PALOMA

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  La paloma bajo a posarse sobre la tierra, mas esta le quemaba. Le parecía dura, terrible y llena de obstáculos que le estorbaban. Era un ser gracioso, distraía, los pequeños corrían tras ella, haciéndola huir precipitadamente. Algunos le echaban algunas semillas ¡qué bonito! Otros pocos, ya más crecidos, intentaban acosarla, ¿por y para qué? La paloma, entre salto y salto, observaba, miraba a su alrededor, alargaba el cuello, sus sentidos alertas, e intentaba comprender aquello, mas eso estaba fuera de su inteligencia. Entre carrera y carrera percibía cada vez una cosa nueva, pero era un absurdo, siempre, siempre el momento anterior estaba allí. ¿No se cansaba? ¿era eterno? A su alrededor nervios, prisas, miedo, y ella era la víctima. Situada en el centro de fracasos, intereses, agobios, era constantemente atropellada. Entre carrera y salto se sentía extraña en un mundo de movimientos descompasados sin una meta que cubrir. Entre salto y carrera se sentía indefensa, rechazada y go...

FUIMOS JOVENES

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  Hola:     Te hace que te invite, pues te voy a invitar a una tónica con burubujas colorás. Lo siento no hay otra cosa. Otro día será. Verdad. Estoy agobiao, ayúdame. En un momento dao, quizás lo compren da. Ahora, no. Esto es demasiao tío. Dime que hago. Lo tomo o lo dejo. Hay que seguir eso lo comprendo. Pero… como. Siempre encuentras un muro intranspasable delante. Cuidao que viene Luis Ricardo. Y detrás, un camino que se corte a tu paso. Sales gampando. Para que no retrocedas. Cantudibi-dibida. Hay miedo, mucho miedo al fracaso. Que chungos sois tíos. La realización cuelga de un hilo, que a veces ni existe. Miedo atroz. Dibidibida. Tengo una grata impresión de seguridad. Falso eres un falso. ¡Oh, no! Quiero olvidar. No lo enjuagues tomate otro. El fracaso. Encontraré algún día eso que busco. Échale flika al mosquito. El mar. ¿Lo mataste? No, pues échale otra vez. La libertad. ¿Cómo es que se ha hecho más grande? Dale con un palo a ver si así hay más suerte. Y un...