Caída al abismo
La tierra se abrió, engullendo a la figura en una vorágine de oscuridad.
Cayó, girando sin control hasta perderse en las profundidades. Todo era negro, absoluto, pero palpitante. Una presencia intangible lo envolvía, una sensación de ser, de existir, sin comprender dónde ni por qué.
A su alrededor, un complejo entramado de formas oscuras se contorsionaba y latía. Eran sombras movedizas, amenazantes, que parecían converger hacia él. Lo acechaban, lo oprimían, como si fuera un intruso en su dominio. Pero la figura no se rendiría. Se rebelaría.
Poco a poco, empezó a sentir que estaba siendo estudiado, diseccionado por esas entidades oscuras. Algo intangible lo penetraba, lo analizaba, pero no lo poseía del todo. Estaba atrapado, inmovilizado; aun así, su espíritu luchaba.
Su cuerpo había sufrido; no obstante, su esencia permanecía intacta. Se adentró más en ese abismo, en las entrañas de aquellas formas oscuras. Aun así, ellas no lo aceptarían. Lo rechazaban, lo combatían.
Un abrazo mortal lo envolvió. Su cuerpo se resquebrajaba, se disolvía. No obstante, su espíritu se negaba a perecer. Luchó, se resistía, pero las fuerzas que lo oprimían eran demasiado poderosas.
Y luego despertó. Nada había cambiado. El horror seguía presente, palpable. ¿Había sido todo un sueño? ¿O una pesadilla demasiado real?
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