Homenaje a Hermann Hesse
“Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación. Todas las demás, sobre las que leemos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a las leyes dictadas por los hombres. Tan solo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al propio sentido”.
Hermann Hesse.
En laberintos mentales, un lobo aúlla,
buscando su forma en un mundo dual.
Hesse, maestro de sombras y luz,
nos guió por senderos de angustia y virtud.
¿Quién soy? Un enigma en constante devenir,
fragmentos de un espejo que no quieren coincidir.
La sociedad, una máscara que asfixia,
la soledad, un refugio donde el alma se inicia.
Como Harry Haller, dividido y extraño,
anhelamos una unión que nos haga humano.
En la noche, bajo la luna, encontramos consuelo,
en la naturaleza, un espejo de nuestro ser rebelde.
Pero en la calma, una voz interior susurra,
que la identidad no es un destino, sino una aventura.
Es construirnos cada día, ladrillo a ladrillo
en un mundo que cambia, pero en el que siempre hay un nido.
Gracias, Hesse, por mostrarnos el camino,
por recordarnos que la búsqueda es el destino.
Que en la fragmentación, reside la belleza,
y que en la unión con nosotros mismos, hallamos la certeza.
18/10/2024
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