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Exigencias de un cadáver

  Así me lo contaron y así lo cuento. Increíble, pero cierto. El difunto había solicitado que se le tratara con la devoción debida. No lo hicieron. Lo arrojaron al coche fúnebre como un saco de patatas, sin el menor cuidado. Cayó con el cuello torcido, la pierna dislocada y un brazo doblado de forma grotesca. Aquello no le hizo ninguna gracia. Cuando lo depositaron, de nuevo, en el mortuorio, exigió ver al responsable, indignado. Atónitos, ante la inaudita petición, llamaron al encargado. Este llegó alucinando y tembloroso ante el presunto difunto. El finado exigió que lo llevaran de vuelta. Estaba dispuesto a morir de nuevo, pero con la dignidad que merecía un muerto. La sangre del jefe selló el pacto con un brillo macabro, y el cadáver sonrió. Incluso la muerte necesita respeto, pensó el difunto.

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